Hablamos de Literatura con Rafael Caunedo

¿Qué novela de tu juventud pudo más que una noche de juerga?

La verdad es que me gustaba mucho la juerga, pero es cierto que alguna noche preferí quedarme en casa con Frodo Bolsón y sus aventuras. Mordor tenía mucho tirón en aquella época. Sin duda, El señor de los anillos marcó un hito en mi formación literaria como lector.

¿Creciste entre libros o tuviste que buscarte la vida?

En casa había libros, sí, pero los que me gustaban estaban fuera. Le debo mucho a las bibliotecas públicas. Desde aquí mi agradecimiento y mi petición para que se mantengan siempre activas y surtidas de fondos.

¿Sacabas buenas notas en Lengua o te quitaban puntos por faltas de ortografía?

Fui un alumno discreto. Por el colegio pasé sin pena ni gloria y sin descubrir qué me motivaba para encaminar mi vida. En la universidad de Derecho descubrí lo que no me gustaba y, por exclusión, se me revelaron mis verdaderas vocaciones: el arte, la creatividad, el cine y, claro, leer y escribir.

¿Recuerdas el título de la primera novela que terminaste y luego lanzaste al fuego sin decir nada a nadie?

Los primeros textos eran breves; buscaba impactar con ideas originales que no sabía desarrollar. Lo contaba todo muy rápido. Pero aquellas tardes me valieron para darme cuenta de que también era capaz de divertirme en soledad. Esa independencia ha hecho que jamás en la vida me aburra. Me tengo a mí mismo para divertirme. A mi manera, claro.

¿A qué escritor o escritora imitabas sin darte cuenta?

Me daba perfectamente cuenta de que Thomas Bernhard era mi referente. Lo buscaba con toda la intención. Al poco tiempo comprobé que Bernhard es Bernhard y yo soy yo. La voz de Thomas Bernhard es única.

¿Y dándote cuenta?

Vaya, lo contesté antes.

Decía William Faulkner que un escritor necesita tres cosas: experiencia, observación e imaginación. Cualesquiera dos de ellas, y a veces una puede suplir la falta de las otras dos. ¿Cuál de las tres te falta?

De imaginación y de capacidad de observación estoy bastante bien servido. Lo de la experiencia es relativo. Para escribir sobre el mar no tengo que estar enrolado en un barco durante un año. La observación, la fantasía y la capacidad para meterme en la piel de otro, suple la experiencia. Podría escribir sobre un yonqui sin haber visto jamás la heroína.

¿Crees que la vanidad de los escritores se puede tratar?

Nunca entendí eso del ego. ¿Para qué te vale? Si lo detecto, huyo de él. Me da pereza. Desconozco el tratamiento, si es que lo tiene, pero, si te digo la verdad, me resulta indiferente. Yo solo intimo con gente normal. Los divos se juntan entre ellos para revolcarse en su vanidad. ¿Te imaginas la escena?

Si tuvieras que quedarte a vivir en una novela, ¿en cuál te quedarías? ¿Con qué música de fondo?

Me pasaría una temporadita como Robinson Crusoe.

Un piano de fondo.

¿Has llorado leyendo?

Con la lectura puedo reír, pero no llorar.

Con el cine puedo reír y llorar.

Con la música puedo llorar, pero no reír.

Cuando escribes, ¿te pones tapones para los oídos o todo enmudece a tu alrededor?

Si me concentro, no oigo nada. No me molesta el ruido como barullo, es decir, en un café, en la calle, en una terraza… Eso sí, no soporto que haya alguien hablando al lado. Me gusta la música tranquila mientras tecleo: Mompou, Satie… pero, por Dios, que no hablen.

Qué tipo de escritor crees que eres:

Por encargo

Por desprecio

Por amor

Por vanidad

Por accidente

Por educación

Por rabia

Por disfrutón: me lo paso bien inventando historias.

¿De qué disfrutas más, de los antónimos o de los sinónimos?

Como escritor me gustan las contradicciones, las paradojas, los silencios, las renuncias… Todo esto me da mucho más juego, así que supongo que los opuestos me gustan más que los imitadores.

¿Si tuvieras que vivir el resto de tu vida con un narrador, qué tipo de narrador escogerías? ¿por qué?

En primera persona, sin duda. Un narrador omnisciente me volvería loco.

¿Con qué autor o autora española te gustaría escribir una novela a dos manos?

Mejor nos vamos a cenar y luego que cada uno siga con su novela.

Decía Ibsen que el escritor que deja de vivir deja de escribir. Y tú:  ¿vives para escribir escribes para vivir, no vives mientras escribes o te desvives escribiendo?

Yo no analizo tanto las cosas. Solo sé lo que me gusta hacer y procuro adaptar mi vida para conseguirlo. Hay rachas más asequibles que otras, pero el objetivo siempre es el mismo: conseguir tu tiempo y tu espacio para poder fabular.

¿Crees en la amistad entre autor y editor o eso solo pasa en las películas?

Yo estoy encantado, la verdad.

Dime cuáles crees que son las dos grandes imposturas de un escritor novel.

¿Y las de un escritor con más de una docena de títulos publicados?

¿Qué es más importante para escribir, un gran dominio del lenguaje, o una trama trepidante?

Deben ser complementarias. No entendería una buena idea mal contada, o una exposición brillante sobre un tema coñazo. Objetivo: buscar una trama interesante, planificarla y desarrollarla con criterio narrativo. El dominio del lenguaje se debe presuponer.

¿Se puede escribir bien solo viendo películas?

Yo no conozco a nadie que escriba sin leer. Estoy hablando de un lector medio. La intimidad que provoca la lectura, el acto de leer, hay que tenerla en cuenta cuando escribes. Siempre escribes para otro.

Define influencer

Persona que ser convierte en referente pero que, curiosamente, tiene muy poco que aportar. Si yo fuera influencer, no sabría definirme.

¿Tú también crees que la novela ha muerto?

Las estanterías de narrativa en las librerías siguen ahí, incluso aumentan. Estamos en un buen momento.

Si fueras editor, ¿a quién no hubieras publicado jamás?

Para contestar a eso tendría que ser editor. Si fuera editor seguro que te contestaría algo muy diferente a lo que te contestaría como autor. No sé si me explico.

Si te dejáramos viajar al pasado ahora mismo, ¿con qué tres escritores o escritoras te harías el encontradizo? ¿Con cuáles el escurridizo?

 Thomas Bernhard; le invitaría a un café en Viena, aunque tal vez no le dijera nada. Esperaría a que fuera él el que iniciara la conversación.

Solo a él.

¿Qué momento es el mejor para que un escritor se retire?

Supongo que cada uno se da cuenta a su manera, pero mejor no me hagas pensar en eso ahora.

Escribe un mensaje para lanzarlo dentro de una botella al RAFAEL del futuro. Un mensaje que quepa en una botella…

Tío, cuando subas al escenario, recuerda no alargarte en los agradecimientos.

Rafael Caunedo (Madrid, 1966) estudió Derecho en la Universidad Complutense hasta que se dio cuenta de que prefería el lado creativo de la vida. Admira la creación en cualquiera de sus variantes y su pasión es la ficción, incluida la adaptación de la propia realidad. Ha publicado las novelas Plan B (2009, Premio Atlantis Isla de las letras), Helmut (2011), Se acabó (2014), Lo que ella diga (2017) y El deseo de los accidentes, editorial DESTNO (2021). Es coordinador del club de lectura del Ámbito Cultural de El Corte Inglés y profesor en el taller de escritura de Carmen Posadas. Vive en Madrid, ciudad a la que ama.

Rafael Caunedo



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