Urueña, Villa del libro. Sí, estuve allí.

Autora: Eva Losada Casanova

Muy cerca de Valladolid hay un pueblo que tiene alma de libro: Urueña. Este rincón ha sido bautizado como Villa del libro. ¿Puede haber un título más bello? Es un lugar tan sensible que dicen que en 1775 sus habitantes sintieron el gran terremoto de Lisboa.

Urueña es del color del desierto, es misteriosa, como su historia, como los tesoros que va acumulando en sus calles, en estantes y vitrinas. Urueña es algo así como el planeta de los libreros, en ningún otro lugar hay tantas librerías juntas. Lástima que algunas han cerrado, pero otras resisten altivas, protegidas por una fortificación muy bien conservada por la que caminaba doña Urraca y Pedro I el Cruel. Junto a la muralla, un estanque rodeado de cipreses aporta un halo romántico, casi irreal, a nuestra Villa del libro. Y es que, Urueña, lejos de ser un pueblo turístico más, encierra muchos encantos. Uno de ellos es que no hay bares ruidosos, ni tiendas de souvenirs, en Urueña lo que hay son librerías. ¡Muchas!

Cuando recorres sus calles empedradas e impolutas, sientes como un escalofrío; la sensación de estar en un mundo aparte, en el corazón de las letras, entre las páginas de una buena novela, en el abrazo de un verso o comenzando un emocionante libro de viajes. La primera librería con la puerta abierta a medio día es Primera Página. Cruzar el umbral es fascínate, hay fotografías dedicadas, objetos de coleccionismo, maquinas de escribir antiguas y libros que te piden que los cojas y acaricies. Al fondo, tras atravesar un pasilllos de papel, en la oscuridad, te recibe la librera. La primera sonrisa es para alegrarse por la elección que he hecho. Me gusta mucho este libro, me dice, bueno… todos mis libros me gustan. Le devuelvo la sonrisa y sujeto con fuerza mi ejemplar de Viaje al Sur de España de Virginia Woolf. Es una cuidada edición de la editorial Itineraria, de tacto suave y delicados dibujos que acompañan los diarios de la autora.  Entonces, mi viaje, adquiere otros tintes, se va llenando de párrafos, de expectativas y algún indicio de lo que me voy a encontrar. Ya me siento otra, la trama se perfila, camino con la emoción contenida, como una niña en una bañera de bolas de colores. Unos metros más allá, tras un cristal, veo la Olivetti de Francisco Umbral, cuidada, como los huesos de un Neanderthal.

Giro en la calle CATAHUEVOS y me detengo en seco, porque llevo lentillas y no siempre estoy segura de lo que leo. Sí, es la calle Catahuevos, un lugar en el que los recoveros solían catar los huevos que estaban frescos poniéndoselos en el hueco de un ojo y mirando a la luz del sol… qué cosas, ¿no?

Más allá, otra calle se estrecha entre enredaderas y geranios, una enorme pizarra te pregunta cómo te sientes. Si te sientes feliz, lee un libro, dice, si te sientes triste sigue leyendo y toma chocolate, si estás estresado y quieres relajarte, lee más, y si estás relajado, ¡mejor todavía!, no sueltes el libro. Y, finaliza así: si te sientes cansado, lee con un café. Qué poco leemos, pienso, qué pasará si lllega el día en el que los libros se convierten en ladrillos de anticuario, en cosas de viejos, qué pasará en el futuro cuando mis nietos, si los llego a tener, me pregunten qué es eso que forra las paredes de mi casa…Me sacudo esa rerflexión de la cabeza y sigo avanzando y, a lo lejos me mira El principito tras el cristal de otra urna. ¡Qué entrañable, mi principito también está aquí! ¿Llegarán a conocer mis nietos a los baobabs?

Foto: Eva Losada Casanova

Presto atención a un cartel informativo que hay sobre un cuidado pedestal de madera; cuento más de doce librerías, un taller de encuadernación, un museo del gramófono… Y mientras paso el dedo por cada uno de los lugares, oigo una voz a mis espaldas que me dice: lástima, han cerrado muchas librerías… Y se me encoje el estómago, porque es cierto, hay bastantes portones de madera cerrados. Es la crisis, añade. La voz pertenece a un hombre mayor, elegante, amable, educado, es un librero. Charlamos un rato. Vive en el pueblo, él y su mujer regentan una de las librerías, descubro que su mujer es la librera de la sonrisa. Entonces imagino cómo debe ser la vida en un lugar así, la vida de un matrimonio de libreros, la vida tranquila, la vida en la que suena una campanilla y entra una desconocida como yo y compra un libro como ese, la vida sin prisas.

Recorro las terrazas de la Villa del libro y hay algo que me sorprende y reconcilia con este mundo: ¡todos leen! Sí, se lo aseguro, mientras descansan del paseo abren sus libros, inclinan la cabeza y leen. Entusiasmada, me tomo unas croquetas y un vino tinto en uno de los pocos restaurantes del pueblo, no puedo evitar muestrar mi asombro y felicidad en el libro de visitas; sí, escribo, yo estuve aquí, en Urueña.

Eva Losada Casanova. Escritora. Profesora en los talleres de novela y  narrativa de La plaza de Poe. Imparte cursos en la red de bibliotecas de la Comunidad de Madid, ciudad donde  coordina las CATAS LITERARIAS y varios Clubs de Lectura, entre ellos un club virtual en Bibliotecas públicas: Brújula literaria.

Es autora de las novelas: En el lado sombrío del jardín (Funambulista, 2014) 4ª finalista Premio Planeta y finalista Premio círculo de lectores 2010; El sol de las contradicciones (Alianza, 2017) XVIII Premio Unicaja de novela Fernando Quiñones y  Moriré antes que las flores (Funambulista, 2021), El último cuento triste (Huso, 2022). Escribe en varios medios culturales y colabora y es columnista en el Períodico de Hortaleza desde 2016.

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