Mircea Cărtărescu, nostalgia y metamorfosis

Autora: Eva Losada Casanova

En la Rumanía del siglo XXI también surge una literatura que, en ocasiones, deja atrás los años de represión, tragedia y dolor, para mirar a un horizonte puramente literario. Siempre me pregunto qué es eso de puramente literario, ¿existe? Creo que sí. Podría definirse como el universo único que crea la mirada del autor a través del uso de la palabra escrita deformando el tiempo narrativo, arrastrándonos sin misericordia por sus callejones, cuevas, galerías y horizontes de la mano de personajes que se alimentan de la imaginación de su creador. Creo que no he olvidado nada. Si a todo lo anterior añadimos una maestría poco usual a la hora de llevarnos por un salón de espejos, metamorfosis, melodías, colores y cajas chinas, entonces, el resultado son las historias de Mircea Cărtărescu. Pocos escritores pueden quedarse indiferentes ante los artilugios narrativos de este autor. No es fácil establecer un diálogo con los textos, no siempre una descripción, escena, transición o giro, nos sobrecoge, nos asombra. En esta ocasión, sí sucede. Para leer al escritor rumano hay que estar dispuesto a jugar, a dejarse llevar y sorprender, ser un lector entregado y, sobre todo, muy paciente, porque cuando un buen libro se abre, no debería haber resistencia. Hay que dejarse abordar, hay que entregar las armas y mantenerse alerta por lo que pueda suceder. Eso es lo que parece pedirnos Nostalgia. Que no es otra cosa que un gran proceso de metamorfosis, aquel que podemos sufrir en los sueños, pero también una mañana, cuando nos miramos al espejo. El autor se acerca a los objetos con una lupa y penetra en ellos, extrae el movimiento de lo estático, el color a lo transparente y la música al silencio. Es un brujo, hace de la palabra una pócima que vamos tragando, que nos hipnotiza o envenena, que nos golpea, sacude y hasta puede enfermarnos. Y entre cada historia, las dudas del que escribe, sus artilugios, sus herramientas y andamios se exhiben triunfantes, pero nunca con alevosía, pedantería o arrogancia. Nada de esto último existe, y es esa humildad del que escribe, lo que me fascina de este autor y de lo que adolecen tantos otros. Quizá El ruletista y El arquitecto, las dos historias de lectura más fluida, por no decir sencilla, sean las más asequibles al lector desentrenado. La primera, un juego metadiegético, como casi todo el libro, nos mantiene sin aliento, mirando una sociedad contradictoria, morbosa, en la que el que observa siente una curiosidad enfermiza por mirar de frente a la muerte y a ese dolor que nunca desaparece de sus páginas, y que me ha trasladado junto a los mejores personajes de Dostoievski o Kafka.  ¿qué motiva al ruletista en su afán por tentar a la suerte? Solo él lo sabe. La última de las historias, la relación del personaje con una obsesión que crece hasta el infinito, en una espirar fantasmagórica, es una carrera sin aliento, una maravillosa hipérbole narrativa en la que las palabras terminan por perderse en el tiempo y el espacio. Es como la estela que deja el cohete, una explosión de fluidos, de fluidos de colores. ¿Habrán leído David Gilmoure y Roger Waters a Mircea Cărtărescu?

En la segunda historia, El Mendébil, nos topamos con las melodías proustianas traídas a nuestros días, la memoria afectiva suena, se toca y huele. En Nostalgia, como en gran parte de su obra, todo suena, se colorea y transforma, como la memoria. Y, como pasa en esta historia, también tenemos desagradables sobresaltos producidos por imágenes desgarradoras construidas a partir de la crueldad infantil. El libro está habitado por la infancia y la adolescencia, por el despertar al amor o a la propia naturaleza. Lo esperpéntico viaja por las historias como una sierra automática y rasga la memoria infantil, tan deformada a veces, tan enmascarada. Y se suceden historias dentro de otras historias, personajes que inventan personajes, teorías, religiones, doctrinas e interpretaciones de una realidad, ya de por sí, subjetiva.

«…todo aquello estaba en nosotros desde mucho tiempo atrás, y el Mendébil tan solo nos lo recordaba.»

Quizá algunos hayamos tenido un Mendébil en nuestras vidas y sólo lo descubramos tras haber leído esta historia o, intentando escribir una con la mirada puesta en lo que fuimos o creímos ser.

En la tercera historia, Los gemelos, nace Gina. Y para dar a luz a Gina, el autor construye todo un edificio narrativo y temporal impresionante, ante el que cualquier escritor de oficio, caería rendido. En esta historia, las cosas se van complicando, el lector se desconcierta, es posible que hasta tire la toalla, pero lo mejor está por llegar, como siempre digo. Fondo y forma se entrelazan metafóricamente para arrojar un texto sublime, con tres planos temporales, varias voces y una trama que se enrosca vivaz, como la yedra en primavera, verde, gruesa, hambrienta. Enseguida nos encontramos un guiño al Orlando de Virgina Woolf; y sí, estoy segura de que la señora Woolf tras leerlo hubiera sido mucho más benévola con el autor rumano que en su día lo fuera con James Joyce. Un Joyce que también habita estas páginas, porque, en ocasiones, los niños de Bucarest podrían ser dublineses¡; y entre esos niños, a lo mejor, alguno, sabría recitar de memoria el poema de El cuervo de Edgar Allan Poe, igual o tan bien como El Mendébil. Y es que la literatura es eso, un conglomerado de capas, algunas se solidifican, pero otras no, otras se pisan y son espejismos en un desierto.

Enseñar literatura, vivir alimentándose de grandes autores, termina siendo el cemento de la obra de uno, porque están ahí, junto a nosotros, siguiendo los dedos moverse por el teclado o, en el caso de Mircea Cărtărescu, por el folio en blanco. Mientras escribo estas líneas, me llega la noticia a través de su editorial, Impedimenta, de que acaba de recibir un premio más, el L.A Times Book Prize por su novela «Solenoide», historia con destellos borgianos, igual que sucede con su nouvelle REM, cuarta historia de Nostalgia. ¿Qué es REM? REM como el Alpeh, será aquello que cada lector desee. El autor, aquí, da un triple salto mortal y como Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravillas, todo es posible, porque el lector ha decidido jugar y volver a ser niño en los sueños de un escritor que como hacía Sherezade, nos embauca hasta el amanecer, y nos entregamos exhaustos al nuevo día acompañados de esos seres de cráneos inmensos de cavidades acogedoras. En fin, una sucesión de metamorfosis, todas en cadena que son gelatinosas, como, Solaris el planeta creado por Lem.

REM es prueba y efecto, técnicas, objetos mágicos y, una vez más, profecías y leyendas urbanas moldeadas por la memoria infantil, sí, pero ¿de quién? Eso es algo que sólo lo sabe el joven escritor sonámbulo y, a lo mejor, el lector, o ninguno de los dos.

Si todavía no han navegado con el oleaje de la prosa de Cărtărescu, por esa nostalgia de «rocío negro» no esperen más, porque siempre es posible soñar los sueños de otros y despertarse en el propio para replegarse y volver a soñar una y otra vez, quizá, con nosotros mismos o quizá con aquellos que nos miran desde un frasco de arena o una gota de lluvia.

«…cuanto más estrecho sea el espacio de la acción o del juego o del pensamiento, más ancho es el resto del mundo, es decir, el Mundo. Y merece la pena siempre encogerse, inclusa hasta la inexistencia, para acrecentar así la maravilla del mundo.»

Nostalgia se publicó por primera vez en 2012, por aquel entonces una editorial pequeña, que surgía de la separación de dos grandes editores, Max Lacruz y Enrique Redel: editorial Impedimenta. En 2022 alcanzó la novena edición.  Quizá, algún día, le den el Nobel de Literatura y entonces, Popescu, Gina, Svetliana, el maestro y Egor le acompañen en un Dacia o subidos en una alfombra inmensa, como hizo Margarita con Bulgakov. Eso, quiero verlo, porque para nosotros, los escritores, siempre existen otros escritores con los que dialogamos con fluidez y admiración.

Eva Losada Casanova. Escritora. Profesora en los talleres de novela y  narrativa de La plaza de Poe. Imparte cursos de escritura en el sector público, en la Red de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid, ciudad donde  coordina las CATAS LITERARIAS y varios Clubs de Lectura, entre ellos el Club virtual en Bibliotecas públicas: Brújula literaria.

Es autora de las novelas: En el lado sombrío del jardín (Funambulista, 2014) 4ª finalista Premio Planeta y finalista Premio círculo de lectores 2010; El sol de las contradicciones (Alianza, 2017) XVIII Premio Unicaja de novela Fernando Quiñones y  Moriré antes que las flores (Funambulista, 2021), El último cuento triste (Huso, 2022). Escribe en varios medios culturales, colabora y es columnista en el Periódico de Hortaleza desde 2016.

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