Las piezas de Manhattan Transfer o por qué leer a John Dos Passos.

Las piezas de manhattan Transfer Dos Passos cien años después por Eva Losada Casanova

Autora: Eva Losada Casanova

Hay novelas que permanecerán en nuestra memoria como un enjambre de abejas y susurros, imágenes yuxtapuestas, voces, ruidos… Eso es Manhattan Transfer de John Dos Passos, una ciudad en movimiento, sus gentes anónimas construyendo un mundo distinto, soñando, llorando o muriendo. Manhattan Transfer, es un jardín amargo de personajes comunes que van y vienen. Es un tablero de vidas fragmentadas, cruces de caminos, estaciones de vías muertas.

Decía Borges algo así como que la escritura es lineal y el reto de cualquier escritor es lograr el efecto contrario, la simultaneidad. Dos Passos lo logra. Desde el inicio de la novela respiramos, oímos, sentimos y tocamos aquello que los personajes nos permiten.

Leer Manhattan Transfer cata literaria La plaza de Poe

El tiempo narrativo se distorsiona y nosotros, lectores miramos hacia múltiples direcciones buscamos anclajes espaciales que nos permitan ir, poco a poco, encajando cada pieza. Sólo al final de la novela vemos la fotografía del tiempo completa. Sucede algo similar en la novela La vida instrucciones de uso de Georges Perec, en El ruido y la furia de William Faulkner, y voy más lejos, también en La broma infinita de Foster Wallace. Son novelas que nos hacen trabajar, novelas que requieren de la concentración y participación del lector. Novelas fascinantes y en ocasiones complejas.

La complejidad de Manhattan Transfer reside en varios puntos. El primero es que no es una narración lineal, las subtramas se construyen de manera irregular, igual que sucede en una gran ciudad. Suceden cosas en varios lugares al mismo tiempo, escenas que forman parte de vidas que desconocemos. El segundo radica en que se trata de una novela coral, hay más de una treintena de personajes, cada uno de ellos se expresa a su manera, ninguno parece mucho mejor que otro, son piezas únicas de una sociedad en la que Dos Passos nos sumerge: el mundo del teatro, del periodismo, la banca, empresarios, camareras, contrabandistas, alcohólicos, agentes, policías, etc. Se forma una constelación en la que unos piden, otros dan, algunos suplican, muchos ignoran y casi ninguno parece sobrar en este gran tablero. Todo forma parte del engranaje que mueve una ciudad y una manera de vivir, un sistema, una apisonadora que avanza, que progresa con o sin ellos: el capitalismo, el progreso…

El narrador es omnisciente, un omnisciente que deja asomarse al autor cuando el lector está desprevenido. Un narrador indiscreto, que camina a sus anchas por la conciencia de los personajes, los espía, los sigue; en ocasiones es cronista, pero no siempre, va un poco más allá. La distancia entre el narrador y alguno de los personajes, puede llegar a ser imperceptible, provocando confusión, pero no afecta nunca a la comprensión de lo que realmente está sucediendo. Y el tercer elemento que podría entrañar cierta dificultad a la hora de abordar esta novela, es que, se construye con diálogos. Son diálogos fluidos, formales y determinan toda la obra. Hay todo tipo de diálogos: inclusivos, directos, sordos, libres… La novela en sí misma es un manual de cómo construirlos; precisamente porque es el habla lo que dota a sus personajes de algo único. Ese crisol de nacionalidades, culturas, posiciones sociales, orígenes…, es una de las bases de la narración y, por tanto, de la construcción de los diálogos. Es, en definitiva, cómo se estaba construyendo la gran ciudad.

El foco no siempre permanece en el narrador principal, en ocasiones salta; se trata de una técnica propia de la corriente vanguardista.

En cuanto a la estructura externa, la novela la arman tres partes. Quizá, la primera y la tercera, formadas ambas por cinco capítulos, son las más intensas.

En la primera parte, llegamos a la gran ciudad, Nueva York, Dos Passos nos suelta en medio de un diálogo genial, nos encontramos a Bud, Congo o Emile… No los conocemos hasta que no terminamos la novela, no llegamos a conocer realmente a muchos de los personajes, porque son sólo voces y algún ademán. Dos Passos deja que se vayan perfilando a medida que avanza la historia, cuando otros personajes se cruzan con ellos, cuando sus vidas se quiebran o, por el contrario, se enderezan y se elevan.

El día que dejemos de creer en el dinero y en la propiedad, será como un sueño cuando despertemos. No habrá necesidad de bombas ni de barricadas

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Seguimos el fluir de conciencia infantil de un niño que sufre la enfermedad de la madre.

Mamá ha sufrido un ataque y la semana que viene volveré al colegio.

El autor sabe bien lo que es la enfermedad de una madre y cómo puede determinar el futuro de un niño.

La obra tiene escenas sublimes que te dejan sin aliento. A veces desgarradoras, otras rozan lo tragicómico, todas ellas nos acercan más a los personajes que se construyen.

Es un autor que huye de los convencionalismos narrativos, que no busca la narración fácil y que no tritura la historia para que la comprendamos, es un autor que confía en el lector, en su capacidad para pensar y reflexionar.  Poco a poco, nos sumergimos en la ciudad, en sus peligros, sus olores y sentimos las miradas de los personajes adultos e infantiles, esa mezcla produce una curiosa estampa y nos avanza lo que sucederá. En el inicio de la novela hay muchas lagunas y vacíos, espacios que poco a poco irán amueblándose, también hay tensión y cambios en el ritmo. Es una técnica que Dos Passos domina.

En la segunda parte nos presenta a la comunidad artística entre bastidores, los vemos luchar por aquello que defienden, enfrentarse unos con otros, amarse e ir contracorriente, para eso está la cultura, ¿no? Vamos conociendo a uno de los personajes fundamentales de la novela que crece con ella: Ellen. Quizá sea uno de los personajes mejor perfilados, más duros, más real. Una actriz inspirada en Elsie Rizen una de las amigas de Dos Passos, que hace lo que sea por triunfar. Una mujer que mira al éxito de frente, moderna, valiente…, pero…

Comienza la Gran Guerra, esa que Dos Passos conoció tan bien desde su puesto en la Cruz Roja primero y en el ejército después. En esa guerra perdió a sus mejores amigos, pero conoció el mundo, que, al fin y al cabo, era lo que más anhelaba. Quizá las voces de Manhattan Transfer no serían las mismas sin ese periplo por medio mundo. A lo largo de estos ocho capítulos hay amor, fracaso, incendios y más muertes, pero también hay vida. La ciudad se revuelve. Sindicatos, movimientos pacifistas, ajetreo bursátil y zozobra, mucha zozobra. El collage narrativo de Dos Passos es cada vez más complejo, el lector visita y revisita a familias, personajes, amistades, parejas, y sus voces son ya un coro del que no puede escapar.

La tercera parte es el fin de la guerra, nacen algunas fortunas, mueren otras, hay enfermedades y proyectos en un horizonte incierto. Es la época de la incertidumbre. Una época que Dos Passos plasma muy bien, porque los personajes se preguntan quiénes son, esa pregunta que, en el fondo se hizo el mundo entero tras la guerra.

Estamos en la ciudad de la Ley seca, demasiados borrachos dicen unos, hay que prohibir el alcohol dicen otros, pero el problema no solo no se soluciona, sino que se agrava. Llega el contrabando, la delincuencia y la mafia se instala. El protagonismo de Jimmy, el periodista idealista, el defensor de las causas perdidas, el sindicalista, el periodista frustrado, el alter ego del autor, se ha hecho fuerte en la novela, y nos lleva por ella mientras nos muestra el lado más cruel de la vida. Las mujeres parecen las causantes de todos los males, pero también las grandes salvadoras. No tienen punto medio en la novela. «Las mujeres son más interesantes que los hombres», Dos Passos siempre lo tuvo claro. Pero, en realidad, el personaje que triunfa es el dinero, siempre el dinero que se eleva por encima de cualquier idea.

Esta novela no sólo es un desfile de personajes variopintos, de profesiones y oficios diversos, de estratos sociales dispares, es, además, un compendio de técnicas narrativas que hacen las delicias de cualquier escritor o lector interesado en detectar los andamios del edificio narrativo. Además, nos lleva con facilidad a otras novelas que, bebieron de Manhattan Transfer sin ningún disimulo. Véase La colmena de Cela, por ejemplo.

Si yo hubiera tenido una educación decente y si hubiera empezado a tiempo, ahora sería quizá un gran científico. Si hubiera tenido más cojones sería pintor o me hubiese dado por la religión, yo qué sé…Pero aquí estoy, joder, con casi cuarenta años y ansioso por vivir…

La trama, como tal, es inexistente, y, además, no es necesaria, porque la estructura se sostiene muy bien sin ella. El juego del gran tablero, de la ciudad que camina, funciona muy bien.

La novela se publicó en 1925 en Estados Unidos. Fue traducida al castellano por su querido amigo José Robles, traducción que perdurará en el tiempo, porque la obra lo merece.

Dos Passos bebe de muchas fuentes, algunas las menciona en sus memorias y otras las intuimos los lectores, porque no siempre los autores sabemos de dónde bebemos. Descubre a Edgar Allan Poe y H.G Lawrence de niño, a Dante y a Petronio de joven. Lee el Ulyses de Joyce con quien, por cierto, se encuentra en una librería de Londres. Se deja embrujar por el realismo ruso de Tolstoi, Dostoievski y Gorki; se arrodilla frente a Flaubert, Henry James, Jorge Manrique, Jane Austen o Rousseau. Intentaba leer en el idioma original: aprendió griego y latín, dominaba el francés, hablaba bastante bien español y chapurreaba el ruso. Eso le permitió un acercamiento distinto a aquellos hombres y mujeres con los que fue cruzando caminos. Nunca logró aprender el idioma de sus antepasados: el portugués. Lo intentó. Dos Passos bebe del arte de Giotto, de la arquitectura de inicios de siglo, del jazz, bebe, sobre todo de la naturaleza, es naturaleza que su padre le enseñó a amar. Pero, su verdadera fuente literaria, aquella que es imposible relatar, listar o catalogar, es el ser humano: su gran tesoro.

Años inolvidables de Dos Passos Seix Barral

La vida de Dos Passos es igual de interesante que su obra, estas cosas suceden con autores que vivieron la primera mitad del siglo XX, una época que, sin duda, arrojó la mejor literatura. Los animo a leer el libro Años inolvidables, (Seix Barral, 1984)) que recoge las inquietudes de Dos Passos escritas por él mismo. Un recorrido por la Europa artística, España y los encuentros que tuvo con Unamuno, Azaña, Machado, Valle-Inclán o Giner de los Ríos, su amistad con Pepe Robles, motivo que causó la ruptura definitiva con Hemingway y «la causa comunista». Hay intrigas políticas, su construcción como escritor, sus amores, conflictos, contradicciones—tenía muchas— y desengaños.

Los hombres de letras son más susceptibles que los demás. Son una pandilla de egoístas. Las amistades entre ellos resultan siempre precarias.

No puedo evitar suscribir esta afirmación de hace más de seis décadas.

Me sobrecogió la relación con su padre a través de las cartas diarias que enviaba, y comprendí que Dos Passos era digno hijo de su padre, que había heredado lo mejor de él. Se detiene en su relación con Hemingway, pero también describe los encuentros con Fitzgerald y Zenda, le gusta contar los cotilleos de salón. Recorremos los felices años en Villa América o en la mítica pensión Boston, los salones parisinos de la señora Leconte o los círculos diplomáticos europeos.  Es testigo de la explosión dadaísta y describe, no con demasiado respeto, su encuentro con Tristan Tzara; también le decepciona Picasso: «si hubiera tenido el don de la compasión hubiera sido tan grande como Miguel Ángel». Repasa las amistades literarias que cultivó en Francia, su «obsesión por la palabra justa» flauberiana y las amistades que quedaron por el camino cuando defendió la causa de los dos inmigrantes italianos —Sacco y Vanzetti— condenados a muerte. Nos muestra su pasión por Cervantes, Madrid, Toledo, la sierra de Guadarrama y nuestra poesía. Hay mucha historia de España en sus memorias, y en los textos que escribió después. Esto fue lo que escribió tras uno de sus paseos por Santander, años antes de la Guerra Civil Española:

Si los ojos fueran ametralladoras, ni uno solo hubiera sobrevivido aquel día, en mi bloc de notas apunté: Socialistas tan inocentes como un rebaño de ovejas en un país de lobos.

Nos relata su labor periodística como corresponsal, ¡el gran pretexto para viajar! En realidad, iba siempre buscando pretextos para asomarse al mundo, arriesgando, en ocasiones, la vida.

A cada momento deseo volver a jugarme el todo por el todo con la muerte..

El texto contagia una necesidad por crear, viajar y cambiar ese mundo, la literatura, la sociedad, el teatro, ¡todo! Dos Passos poseía una curiosidad voraz por la vida y sus misterios. Quería vivir para escribir.

Una delicia de libro que me recordó mucho a El tiempo de ayer de Stefan Zweig, ambos juegan con el amor a la vida y la decepción que a veces produce vivirla.

Agradecer a la editorial Cátedra por no caer en la tentación de publicar esta edición de 2018 con un prólogo en el que se explica al lector lo que va a leer —una práctica molesta y cada vez más común—sino de tan solo limitarse a una mera introducción de la vida del autor y su época.

Eva Losada Casanova. Escritora madrileña. Profesora en los talleres de novela y  narrativa de La plaza de Poe. Imparte cursos de escritura en el sector público, en la Red de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid, ciudad donde  coordina las CATAS LITERARIAS y varios Clubs de Lectura, entre ellos el Club virtual en Bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid: Brújula literaria. Colabora y pertenece a ACE Asociación de escritoras y escritores de España.

Es autora de las novelas: En el lado sombrío del jardín (Funambulista, 2014) 4ª finalista Premio Planeta y finalista Premio círculo de lectores 2010; El sol de las contradicciones (Alianza, 2017) XVIII Premio Unicaja de novela Fernando Quiñones;  Moriré antes que las flores (Funambulista, 2021), El último cuento triste (Editorial Huso, 2022). Las voces del jilguero (Funambulista, 2025). Escribe en varios medios culturales, colabora y es columnista en el Periódico de Hortaleza desde 2016.

Eva Losada Casanova

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